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Cristo, el gran educador MJ 118

Cristo era la luz del mundo. Era la fuente de todo conocimiento. Era capaz de hacer idóneos a los incultos pescadores para recibir el elevado cometido que quería darles. Las lecciones de verdad impartidas a estos hombres humildes fueron de poderoso significado. Habrían de conmover al mundo. Parecía cosa sencilla para Jesús relacionar a estas humildes personas consigo, pero fue un acontecimiento que produjo formidables resultados. Sus palabras y obras revolucionarían al mundo. MJ 118.3

Jesús no despreciaba la educación. La cultura superior de la mente, si está santificada por el amor y el temor de Dios, recibe su completa aprobación. Los hombres humildes escogidos por Cristo estuvieron tres años con él, sujetos a la refinadora influencia de la majestad del cielo. Cristo fue el mayor educador que jamás haya conocido el mundo. MJ 118.4

Dios aceptará a los jóvenes con sus talentos y su caudal de afecto si quieren consagrarse a él. Pueden alcanzar el más elevado punto de grandeza intelectual y, si están equilibrados por el principio religioso, pueden llevar a cabo la obra que Cristo vino del cielo a realizar, y ser así colaboradores con el Maestro. MJ 118.5

Los estudiantes de nuestros colegios tienen valiosos privilegios, no solo para obtener el conocimiento de las ciencias, sino también para aprender a cultivar y practicar virtudes que les darán caracteres simétricos. Son los responsables agentes morales de Dios. Dios confía al hombre los talentos de la riqueza, la posición social y el intelecto, para que los aproveche sabiamente. Ha distribuido estos diversos dones proporcionalmente a la capacidad y las facultades conocidas de sus siervos, encomendando a cada uno su obra.—The Review and Herald, 21 de junio de 1887. MJ 119.1