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La Única Esperanza

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    “Maestro, reprende a tus discípulos”

    Muchos fariseos presenciaron esta escena con desagrado, porque sintieron que estaban perdiendo el dominio sobre el pueblo. Con toda su autoridad trataron de silenciar a los manifestantes, pero sus amenazas y discursos sólo aumentaban el entusiasmo de los creyentes.UE 78.4

    En vista de que no podían dominar al pueblo, se abrieron paso a través de la multitud hasta donde se encontraba Jesús, y le dijeron: “Maestro, reprende a tus discípulos”.UE 78.5

    Declararon que un tumulto tal era ilegal, y que no sería permitido por los gobernantes.UE 78.6

    Jesús dijo: “Os digo que si éstos callaran las piedras clamarían”. Lucas 19:39, 40.UE 78.7

    Esta escena de triunfo había sido señalada por Dios mismo y predicha por los profetas, y ningún poder terrenal podía detenerla. La obra de Dios siempre irá adelante a pesar de todo lo que el hombre intente hacer para obstaculizarla o destruirla.UE 78.8

    Cuando la procesión llegó a la cima de la colina desde la cual se divisa Jerusalén, observó el esplendor y la magnificencia de la ciudad.UE 79.1

    La vasta multitud apaciguó sus clamores, fascinada por la repentina visión de la belleza que contemplaron. Todos los ojos se volvieron hacia el Salvador, esperando ver en su rostro la admiración que ellos mismos sentían.UE 79.2

    Jesús se detuvo y una nube de tristeza cubrió su faz, mientras la multitud asombrada lo veía irrumpir en llanto.UE 79.3

    Los que rodeaban al Salvador no podían entender su dolor; lloraba por la ciudad condenada a la destrucción.UE 79.4

    Jerusalén había sido la niña de sus ojos y su corazón estaba lleno de angustia al comprender que pronto quedaría desolada.UE 79.5

    Si sus habitantes hubiesen aceptado las enseñanzas de Cristo y lo hubiesen recibido como Salvador, Jerusalén habría “permanecido para siempre”.UE 79.6

    Habría llegado a ser la reina de los reinos, libre con la fuerza de su poder, concedido por Dios.UE 79.7

    No se hubiesen visto entonces soldados armados guardando sus puertas, ni ninguna bandera romana flameando sobre sus muros.UE 79.8

    Desde Jerusalén, la paloma de la paz hubiera salido hacia todas las naciones. Esta ciudad podría haber sido la gloria culminante del mundo.UE 79.9

    Pero los judíos habían rechazado a su Salvador y estaban por crucificar a su Rey. Aquella tarde al ponerse el sol, la condenación de Jerusalén estaría sellada para siempre. (Unos cuarenta años después, Jerusalén fue totalmente destruida y quemada con fuego por el ejército romano.)UE 79.10

    Cuando los gobernantes recibieron informes de que Jesús se estaba acercando a la ciudad rodeado de una vasta compañía de seguidores, salieron para encontrarlo con la esperanza de disolver la multitud. Con manifestación de gran autoridad preguntaron: “¿Quién es este?” Mateo 21:10.UE 80.1

    Los discípulos, llenos del Espíritu de inspiración, contestaron con la profecía acerca de Cristo: “Adán os dirá: ‘Es la simiente de la mujer que herirá la cabeza de la serpiente’. Génesis 3:15.UE 80.2

    “Preguntad a Abrahán. El os dirá: ‘Es Melquisedec, el Rey de Salem, el Rey de paz’. Génesis 14:18.UE 80.3

    “Jacob os dirá: ‘El es Shiloh, de la tribu de Judá’. Génesis 49:9, 10.UE 80.4

    “Isaías replicará: ‘Emanuel, Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz’. Isaías 7:14; 9:6.UE 80.5

    “Jeremías responderá: ‘La rama de David, el Señor, nuestra justicia’. Jeremías 23:5, 6.UE 80.6

    “Daniel os dirá: ‘Es el Mesías’. Daniel 9:25.UE 80.7

    “Oseas contestará: ‘Es el Señor, Dios de los ejércitos, Jehová es su nombre’. Oseas 12:5.UE 80.8

    “Juan el Bautista os dirá: ‘Es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo’. Juan 1:29.UE 80.9

    “El gran Jehová ha proclamado desde su trono: ‘Este es mi Hijo amado’. Mateo 3:17.UE 80.10

    “Nosotros, sus discípulos, declaramos: ‘Este es Jesús, el Mesías, el Príncipe de la vida, el Redentor’.UE 80.11

    “Y hasta el príncipe de las potestades de las tinieblas lo reconoce diciendo: ‘Sé quién eres, el Santo de Dios’”. Marcos 1:24.UE 80.12

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