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Testimonios Selectos Tomo 1

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    Capítulo 15—La prueba de nuestra fe

    En Este tiempo de prueba, necesitamos alentarnos y consolarnos mutuamente. Las tentaciones de Satanás son ahora mucho más violentas que nunca, pues sabe que le queda poco tiempo y que muy luego van a decidirse todas las causas para vida eterna o para muerte también eterna. No es tiempo ahora de dejarse vencer por el desaliento ni de sucumbir bajo la prueba. Debemos sobreponernos a todas nuestras aflicciones y confiar plenamente en el todopoderoso Dios de Jacob. El Señor me ha mostrado que basta su gracia para resistir todas las pruebas, y aunque estas pruebas sean más duras que nunca, si tenemos absoluta confianza en Dios, podremos vencer todas las tentaciones y por su gracia salir victoriosos.1TS 101.1

    Si resistimos las pruebas y logramos el triunfo contra las tentaciones de Satanás, entonces soportaremos la prueba de nuestra fe, la cual es más preciosa que el oro, y quedaremos más fuertes y mejor preparados para sobrellevar ulteriores pruebas. Pero si nos acobardamos y cedemos a las tentaciones de Satanás, nos volveremos más débiles, no recibiremos recompensa por la prueba, y no estaremos preparados para resistir lo que nos sobrevenga después. Así nos iremos debilitando cada vez más, hasta que Satanás nos lleve cautivos a su antojo.1TS 101.2

    Debemos resguardarnos con la completa armadura de Dios, y estar dispuestos en todo momento a sostener el conflicto con las potestades tenebrosas. Cuando nos asalten las tentaciones y las pruebas, acudamos a Dios para luchar con él por la oración, pues no dejará que volvamos vacíos, sino que nos dará fortaleza y gracia para vencer y quebrantar el poderío del enemigo. ¡Oh! si todos viesen estas cosas en su verdadera luz y soportasen las fatigas como buenos soldados de Jesús, podría seguir Israel adelante, confortado en el Señor, y en la potencia de su fortaleza.1TS 101.3

    Se me ha mostrado que Dios dió a los suyos un cáliz de amargura que beber, para limpiarlos y purificarlos. Es un trago muy acerbo, pero ellos pueden amargarlo todavía más con sus murmuraciones, quejas y lamentos. Quienes no lo reciban, habrán de beber otro trago, porque el primero no hizo en su carácter el efecto asignado. Y si el segundo tampoco les aprovecha, habrán de ir bebiendo otro y otro, so pena de quedar sucios e impuros de corazón. Vi que el amargo cáliz puede dulcificarse con la paciencia, resignación y oración, y que producirá en el corazón de quienes así lo reciban, el efecto que le fué asignado, con lo cual Dios quedará honrado y glorificado.1TS 103.1

    No es floja tarea el ser cristiano poseído y aprobado por Dios. El Señor me mostró algunos que dicen profesar la verdad presente y cuya conducta no está en armonía con su profesión. Tienen una norma de piedad por demás baja, y andan muy lejos de la santidad de la Biblia. Algunos siguen una conducta vana e inconveniente, y otros ceden al engreimiento. No esperemos reinar con Cristo en la gloria si satisfacemos nuestro gusto, vivimos y obramos según el mundo, disfrutamos de sus placeres y nos gozamos en la compañía de los mundanos.1TS 103.2

    Debemos participar aquí de los sufrimientos de Cristo, si queremos compartir después su gloria. Si buscamos nuestros propios y egoístas intereses y placeres en vez de hacer la voluntad de Dios y prosperar su valiosa causa, que sufre, deshonraremos a Dios y a la santa causa que nos ufanamos de amar. Sólo disponemos de muy corto tiempo para trabajar en el servicio de Dios. Nada debe parecernos sacrificio demasiado costoso para la salvación de las descarriadas y quebrantadas ovejas de Jesús. Quienes ahora pacten con Dios por medio del sacrificio, se reunirán pronto en la celeste patria para recibir una rica recompensa y poseer por siempre jamás el nuevo reino.1TS 103.3

    ¡Oh! vivamos enteramente para el Señor y demostremos con nuestra ordenada conducta y pía conversación que estamos con Jesús y somos sus humildes y amantes discípulos. Debemos trabajar mientras dure el día, porque cuando llegue la tenebrosa noche de tribulaciones y angustias, será demasiado tarde para trabajar por Dios. Jesús está en su santo templo, y ahora aceptará nuestros sacrificios, nuestras oraciones y la confesión de nuestras faltas y pecados, y perdonará todas las transgresiones de Israel, de modo que queden borradas antes de salir él del santuario. Y entonces los santos y justos seguirán siendo santos y justos, porque todos sus pecados habrán quedado borrados y recibirán ellos el sello del Dios vivo; pero quienes sean injustos e impuros, seguirán también siendo injustos e impuros, porque ya no habrá en el santuario sacerdote que ofrezca ante el trono del Padre las oraciones, sacrificios y confesiones de ellos. Por lo tanto, lo que deba hacerse para salvar almas de la inminente tormenta de ira, ha de ser hecho antes de que Jesús salga del lugar santísimo del santuario celeste.1TS 104.1

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