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Testimonios Selectos Tomo 2

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    Capítulo 47—La tierra desolada

    Se me llamó de nuevo la atención hacia la tierra. Los malvados habían sido destruídos y sus cadáveres yacían por el suelo. Las siete últimas plagas habían derramado la ira de Dios sobre los habitantes de la tierra, haciéndoles morderse la lengua de dolor y maldecir a Dios. Los falsos pastores habían sido especial objeto de la ira de Jehová, pues aun estando en pie se habían consumido sus ojos en sus órbitas y su lengua en su boca.2TS 241.1

    Después de haber librado a los santos la voz de Dios, los malvados se volvieron unos contra otros. La tierra quedó inundada de sangre y cubierta de cadáveres desde uno a otro confín. Parecía un desolado desierto. Las urbes y ciudades yacían en ruinas causadas por el terremoto. Las montañas, descuajadas de su asiento, habían dejado amplias cavernas. Sobre toda la superficie de la tierra estaban esparcidos los desmochados peñascos que había lanzado el mar o se habían desprendido de la misma tierra. Corpulentos árboles desarraigados estaban tendidos por el suelo. La desolada tierra iba a ser la mansión de Satanás y sus malignos ángeles durante mil años. Allí quedaría Satanás recluído, vagabundo y errante por toda la tierra para ver las consecuencias de su rebelión contra la ley de Dios. Durante mil años podría gozar del fruto de maldición que había ocasionado.2TS 241.2

    Recluído en la tierra, no tendrá Satanás ocasión de ir a otros planetas para tentar y molestar a quienes no han caído. En todo aquel tiempo sufrirá muchísimo. Desde su caída estuvieron en constante actividad sus malignos rasgos; pero entonces quedará desposeído de su poder, y obligado a reflexionar en el papel que desempeñó desde su caída y mirar con trémulo terror el pavoroso porvenir, cuando haya de penar por todo el mal que hizo y recibir el castigo de cuantos pecados indujo a cometer.2TS 241.3

    Oí exclamaciones de triunfo de los ángeles y de los santos redimidos, que resonaban como diez mil instrumentos músicos, pues ya no se verían molestados ni tentados por Satanás, y los habitantes de otros mundos quedaban libres de su presencia y tentaciones.2TS 242.1

    Después vi tronos en que estaban sentados Jesús y los redimidos. Los santos reinaban como reyes y sacerdotes de Dios. En unión con su pueblo juzgaba Cristo a los muertos malvados, comparando sus acciones con el libro del estatuto, la palabra de Dios, y fallando cada caso según lo hecho con el cuerpo. Después sentenciaban a los malvados a la pena que debían sufrir de conformidad con sus obras, y quedaba escrita frente a sus nombres en el libro de muerte. También Satanás y sus ángeles fueron juzgados por Jesús y los santos. El castigo de Satanás había de ser mucho más terrible que el de aquellos a quienes engañó. Su sufrimiento había de ser incomparablemente mayor. Después de perecer todos los que él había engañado, Satanás seguiría viviendo para sufrir mucho más tiempo.2TS 242.2

    Terminado al cabo de los mil años el juicio de los muertos malvados, salió Jesús de la ciudad seguido delos santos y de una comitiva de la hueste angélica. Descendió Jesús sobre una gran montaña, que, tan pronto como posó en ella los pies, se partió en dos mitades convirtiéndose en dilatada llanura. Entonces alzamos los ojos y vimos la grande y hermosa ciudad con doce cimientos y doce puertas, tres en cada lado y un ángel en cada una. Nosotros exclamamos: “¡La ciudad! ¡la gran ciudad! desciende del cielo, de Dios.” Y descendió en todo su esplendor y gloria, asentándose en la vasta llanura que para ella preparara Jesús.2TS 242.3

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