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Testimonios Selectos Tomo 3

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    Viaje hacia el este

    Mientras pasábamos por el gran desierto americano, en medio del calor y del polvo alcalino, nos cansamos mucho del árido panorama, aunque estábamos provistos de todo lo conveniente, y nos deslizábamos rápida y suavemente por los rieles arrastrados por nuestro caballo de hierro. Yo recordaba a los antiguos hebreos, que viajaron a través de rocas y áridos desiertos durante cuarenta años. El calor, el polvo y lo escabroso del camino les arrancaban quejas y suspiros de cansancio a muchos de los que pisaban aquella penosa senda. Pensé que si estuviésemos obligados a viajar a pie a través de un desierto árido, sufriendo con frecuencia de sed, calor y cansancio, muchos de nosotros murmuraríamos mucho más que los israelitas.3TS 296.2

    En el viaje de Denver a Walling’s Mills, el retiro montanés donde mi esposo estaba pasando los meses de verano, nos detuvimos en Boulder City, y contemplamos con gozo nuestro pabellón de lona donde el pastor Cornell estaba dirigiendo una serie de reuniones.3TS 296.3

    El lunes 8 de agosto, me reuní con mi esposo, y lo encontré con salud muy mejorada, alegre y activo, por lo cual me sentía agradecida a Dios. El pastor Canright, que había estado algún tiempo con mi esposo en las montañas, había sido llamado a regresar a casa al lado de su esposa atribulada; y el domingo, mi esposo y yo le acompañamos a la ciudad de Boulder para tomar el tren. Por la noche, hablé en la tienda y a la mañana siguiente volvimos a nuestro hogar provisorio de Walling’s Mills. El sábado siguiente volví a hablar a los que estaban reunidos en la tienda. Después de mis observaciones, tuvimos una reunión de la asociación. Se dieron algunos excelentes testimonios. Varios estaban observando su primer sábado. Hablé a la gente la noche después del sábado y también el domingo de noche.3TS 296.4

    Toda nuestra familia se hallaba en las montañas, menos nuestro hijo Edson. Mi esposo y mis hijos pensaban que yo estaba muy cansada por haber trabajado casi constantemente desde el congreso de Oregón, y que debía descansar; pero mi ánimo estaba impresionado con la idea de que debía asistir a los congresos del este, especialmente el de Massachusetts. Yo oraba que si era la voluntad de Dios que asistiese a estas reuniones, mi esposo consintiese en dejarme ir.3TS 297.1

    Cuando volvimos de la ciudad de Boulder, encontré una carta del Hno. Haskell, en la cual nos rogaba a ambos que asistiésemos al congreso; pero que si mi esposo no podía ir, deseaba que por lo menos yo fuera, si era posible. Leí la carta a mi esposo, y aguardé para ver lo que diría. Después de unos momentos de silencio, él dijo: “Elena, tendrás que asistir al congreso de la Nueva Inglaterra.” Al día siguiente habíamos arreglado nuestros baúles. A las dos de la mañana, favorecidos por la luna, salimos a tomar el tren, y a las seis y media subimos a él. El viaje fué todo lo que se quiera imaginar menos placentero, porque el calor era intenso y yo estaba muy cansada.3TS 297.2

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