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Testimonios para la Iglesia, Tomo 4

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    Para los ministros

    Se nos ha confiado una grande y solemne verdad. Somos responsables de su difusión. Demasiado a menudo, esta verdad se presenta con la forma de una fría teoría. Uno tras otro, los sermones sobre los puntos doctrinales llegan a la gente que va y viene; algunos nunca tendrán una oportunidad tan favorable para convencerse y convertirse a Cristo. Se pierden oportunidades de oro al pronunciar discursos elaborados que dicen más del yo que de la grandeza de Cristo. La teoría de la verdad, sin una vida de piedad, no puede disipar las tinieblas morales que envuelven el alma.4TPI 309.1

    Las más preciosas gemas de la verdad a menudo se debilitan por envolverlas con palabras de erudición, a la vez que falta el poder del Espíritu de Dios. Cristo presentaba la verdad con toda su simplicidad; consiguió alcanzar no sólo a los de posición elevada, sino también a las personas más humildes de la tierra. El ministro que es embajador de Dios y representante de Cristo en la tierra, que se humilla a sí mismo para que Dios sea exaltado, poseerá la genuina cualidad de la elocuencia. La verdadera piedad, el estrecho vínculo con Dios y una experiencia vivida diariamente en el conocimiento de Cristo harán que aun el tartamudo sea elocuente.4TPI 309.2

    Cuando veo las carencias que sufren las iglesias jóvenes, cuando veo y percibo su gran necesidad de piedad vital y su deficiente experiencia religiosa, mi corazón se entristece. Sé bien que aquellos que les llevan el mensaje de la verdad no los instruyen con propiedad al respecto de los puntos esenciales para alcanzar la perfección de un carácter que se refleja en Jesucristo. Hace ya demasiado tiempo que los maestros de la verdad descuidan estos asuntos. Hablando del evangelio, Pablo dice: “De la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí”. Colosenses 1:25-29. Nótese la explicación que da del misterio.4TPI 309.3

    Aquí los ministros de Cristo tienen claramente definida su tarea, su calificación y el poder de la gracia de Dios obrando en ellos. No hace mucho Dios se complació en revelarme la gran deficiencia de muchos que profesan ser representantes de Cristo. En pocas palabras, si su fe y su conocimiento de la piedad vital son deficientes, no sólo se engañan a sí mismos, sino que no llevan a cabo la tarea de presentar la perfección en Cristo a todos los hombres. Muchos de los que traen a la verdad carecen de verdadera piedad. Quizás tengan una teoría de la verdad pero no están profundamente convertidos. Sus corazones son carnales; no permanecen en Cristo ni Cristo en ellos. Es deber del ministro presentar la teoría de la verdad; pero no debe detenerse aquí. Debe adoptar el lenguaje de Pablo: “También trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí”. Colosenses 1:29.4TPI 310.1

    El vínculo vital con el Mayoral hará del rabadán un vivo representante de Cristo, una luz para el mundo. La comprensión de todos los puntos de nuestra fe es esencial, pero es de máxima importancia que el ministro se santifique con la verdad que presenta con el propósito de iluminar la conciencia de sus oyentes. En una serie de reuniones ningún discurso debe consistir sólo de teoría. Las oraciones tampoco deben ser largas y tediosas; Dios no las escucha. He oído oraciones tediosas y sermoneadoras que no venían a cuento y estaban fuera de lugar. Una oración con la mitad de palabras, ofrecida con fervor y fe habría tocado el corazón de los oyentes; sin embargo, he visto cómo se impacientaban y deseaban que cada palabra fuese la última de la oración. Si el ministro hubiese peleado con Dios en su cámara hasta sentir que su fe se puede aferrar a la promesa eterna: “Pedid y se os dará” (Mateo 7:7), habría llegado de inmediato al centro de la cuestión pidiendo con sinceridad y fe lo que necesitara.4TPI 310.2

    Necesitamos ministros convertidos; de otro modo, las iglesias que surjan de sus esfuerzos, al carecer de sus propias raíces, no serán capaces de avanzar solas. El fiel ministro de Cristo tomará la carga sobre su alma. No ansiará popularidad. El ministro cristiano nunca debería subir al púlpito sin antes haber buscado a Dios en privado y haber llegado a una estrecha conexión con él. Antes de hablar al pueblo deberá elevar humildemente su sedienta alma a Dios y refrescarse con el rocío de la gracia. Con la unción del Espíritu Santo, la cual lo llevará a interesarse por las almas, no despedirá la congregación sin antes presentar ante ella a Jesucristo, el único refugio del pecador, haciendo un fervoroso llamamiento que llegue al corazón de los oyentes. Debe estar convencido de que no volverá a ver a esos oyentes hasta el gran día de Dios.4TPI 310.3

    El Maestro que lo ha escogido, que conoce el corazón de todos los hombres, le dará elocuencia para que pueda decir las palabras adecuadas en el momento y con la fuerza justos. Todos aquellos que se convenzan realmente del pecado y cedan al Camino, la Verdad y la Vida, descubrirán que no necesitan las loas y las alabanzas. Cristo y su amor serán exaltados por encima de cualquier instrumento humano. El hombre desaparecerá de la vista porque Cristo es magnificado y es el tema central del pensamiento. Muchos deciden abrazar el ministerio sin antes haberse convertido verdaderamente a Cristo. Nos maravillamos ante el estupor que embota los sentidos espirituales. Falta poder vital. Se ofrecen oraciones muertas y se presentan testimonios que no edifican ni fortalecen a los oyentes. A cada uno de los ministros de Cristo le atañe esclarecer las causas de todo esto.4TPI 311.1

    Pablo escribe a sus hermanos colosenses: “Como lo habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, que es un fiel ministro de Cristo para vosotros, quien también nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu. [No un amor profano por la inteligencia, las habilidad o la oratoria del predicador, sino un amor nacido del Espíritu de Dios, a quien su Siervo representó mediante sus palabras y carácter.] Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz” Colosenses 1:7-12.4TPI 311.2

    Los ministros que trabajan en los pueblos y las ciudades al presentar la verdad no deben sentirse satisfechos, ni creer que su tarea ha concluido, hasta que los que han aceptado la teoría de la verdad lleguen a comprender el efecto de su poder santificador y se conviertan realmente a Dios. Que seis personas se conviertan realmente a la verdad como resultado de sus esfuerzos es más agradable a Dios que sesenta hagan una profesión nominal sin convertirse completamente. Los ministros deberían dedicar menos tiempo a predicar sermones y reservar una porción de sus fuerzas para visitar y orar con los que muestran interés, dándoles una instrucción piadosa hasta el punto de que puedan “presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre”. Colosenses 1:28.4TPI 312.1

    El amor de Dios debe morar en el corazón del maestro de la verdad. Su corazón debe estar imbuido de ese profundo y ferviente amor que poseía Cristo. Sólo así se derramará sobre los otros. Los ministros deben enseñar que todo aquél que acepta la verdad tiene la obligación de dar frutos para gloria de Dios. Deben enseñar que la abnegación es una práctica diaria, que muchas cosas que han sido codiciadas deben ser abandonadas y que se deben cumplir muchos deberes, por desagradables que parezcan. Los intereses en los negocios, las muestras de afecto de carácter social, la comodidad, el honor, la reputación—en una palabra, todo—, debe ser sometido a las exigencias superiores y siempre supremas de Cristo. Los ministros que no son hombres de piedad vital, que despiertan el interés del pueblo pero no acaban de pulir la tarea, dejan un campo extremadamente difícil para los que deseen entrar y finalizar el trabajo que ellos dejaron incompleto. Esos hombres serán juzgados; si no desempeñan su labor con más fidelidad, después de una última prueba, serán arrojados como piedras del camino y vigías infieles.4TPI 312.2

    Dios desea que los hombres que se presenten como maestros, previamente hayan aprendido la lección y luego estudien todos los puntos de la verdad presente de manera inteligente y aceptable. Con el conocimiento de la teoría deberían adquirir continuamente un conocimiento más preciso de Jesucristo. Las normas y los estudios son necesarios, pero no suficientes. A ellos el ministro debe unir la oración sincera pidiendo fidelidad para que, de ese modo, no construya con madera, paja o rastrojos, los cuales se consumirán con el fuego del último día. La oración y el estudio deben ir de la mano. Que un ministro sea aplaudido y alabado no es prueba alguna de que sus palabras estén influidas por el Espíritu Santo.4TPI 312.3

    Demasiado a menudo se da el caso de que los jóvenes conversos, a menos que se los proteja, ponen más afectos en el ministro que en el Redentor. Consideran que la labor del ministro los ha beneficiado en gran manera. Se imaginan que posee dones y gracias sumamente excelsos y que nadie excepto él puede hacer las cosas tan bien como él las hace; por lo que otorgan una importancia indebida al hombre y su tarea. Esta confianza los predispone a idolatrar al hombre y a mirar más hacia él que hacia Dios. Al obrar así, no complacen a Dios ni crecen en gracia. Son causa de gran perjuicio para el ministro, en especial si es joven y está en proceso de desarrollo para convertirse en un prometedor obrero del evangelio.4TPI 313.1

    Si realmente son maestros de Dios, estos maestros recibirán las palabras de Dios. Aun cuando sus maneras y su discurso sean defectuosos y sean susceptibles de grandes mejoras, si Dios pronuncia palabras de inspiración a través de ellos, su poder no será humano, sino de Dios. La gloria y el amor del corazón deben ser para Dios; para el ministro quedan la estima, el afecto y el respeto por su tarea porque es el siervo de Dios que lleva el mensaje de misericordia a los pecadores. A menudo, el hombre eclipsa al Hijo de Dios interponiéndose entre él y su pueblo. El hombre es objeto de alabanzas, lisonjas y exaltación, y pocas veces el pueblo puede vislumbrar a Jesús, el cual, mediante los preciosos rayos de luz que irradia, debería eclipsar todo lo que lo rodea.4TPI 313.2

    El ministro de Cristo que está imbuido del Espíritu y el amor por su Maestro trabajará para que el carácter de Dios y de su Hijo amado se manifieste en toda su plenitud y de la manera más clara. Se esforzará para que sus oyentes tengan una idea precisa del carácter de Dios, de modo que se reconozca su gloria en la tierra. Un hombre no se ha convertido si en su corazón no ha nacido el deseo de compartir con los demás el precioso amigo que ha descubierto en Jesús; la verdad que salva y santifica no puede permanecer callada en su corazón. El Espíritu de Cristo que ilumina el alma se representa con la luz que disipa todas las tinieblas; es comparado a la sal, porque como ella, tiene propiedades conservadoras, y a la levadura, la cual ejerce su poder transformador en secreto.4TPI 313.3

    Aquellos a quienes Cristo ha unido consigo mismo trabajarán, en la medida que a ellos concierne, diligentemente y de manera perseverante, siguiendo su modelo, para salvar las almas que perecen a su alrededor. Alcanzarán a las personas con oración ferviente y sincera, y esfuerzo personal. Para los que se han convertido completamente a Dios, que disfrutan la comunión con él, es imposible ser negligentes ante los intereses vitales de aquellos que perecen apartados de Cristo.4TPI 314.1

    El ministro no debe cargar con toda la tarea, sino que debe unir a su persona a todos los que se han afianzado en la verdad. De ese modo los capacitará para que puedan trabajar una vez él se haya ido. Una iglesia que trabaja siempre será una iglesia en crecimiento. Ayudar a los demás será para sus miembros un estímulo y un tónico que los fortalecerá y los alentará.4TPI 314.2

    Una vez leí sobre un hombre a quien, estando de viaje un día de invierno, andando en medio de la nieve amontonada por el viento, el frío lo había paralizado tanto que casi había perdido la vida. Cuando casi había perecido congelado, víctima del abrazo del viento helado y estaba a punto de abandonar la lucha por la vida, escuchó los gemidos de otro viajero que, como él, también estaba a punto de perecer víctima del frío. Su humanidad se levantó para rescatarlo. Frotó las extremidades cubiertas de escarcha del desdichado hasta que, tras un gran esfuerzo, consiguió ponerlo en pie y, puesto que no se podía tener derecho, le pasó los brazos alrededor del cuerpo y cargó con él a través de los montones de nieve que, unos momentos antes, había pensado que no conseguiría cruzar. Cuando hubo llevado a su compañero a un lugar seguro, su mente se iluminó con el destello de la verdad: al salvar a su vecino también se había salvado a sí mismo. Sus sinceros esfuerzos para salvar a otro aceleraron la sangre que se estaba helando en sus venas y creó un saludable calor en las extremidades del cuerpo.4TPI 314.3

    Estas lecciones deben ser repetidas continuamente a los jóvenes creyentes, no como un precepto, sino como un ejemplo de que en su experiencia cristiana pueden alcanzar resultados similares. Los que están desfallecidos y piensan que el camino a la vida está lleno de fatigas y dificultades deben ponerse manos a la obra para ayudar a otros. Con esos esfuerzos, mezclados con oraciones pidiendo luz divina, la vivificante influencia de la gracia de Dios hará palpitar sus corazones; sus emociones brillarán con más fervor divino y toda su vida cristiana será más real, más sincera y estará más consagrada.4TPI 314.4

    El ministro de Cristo ha de ser un hombre de oración, un hombre piadoso; optimista, y nunca áspero o brusco, ni tampoco chistoso o frívolo. El espíritu frívolo puede ser adecuado para la profesión de payaso o actor de teatro, pero siempre rebajará la dignidad del hombre que ha sido escogido para estar entre los vivos y los muertos y para ser la boca de Dios.4TPI 315.1

    La labor diaria se registra fielmente en los libros de Dios. Como hombres que piden iluminación espiritual daréis tono moral al carácter de todos aquellos con los que os relacionéis. Como fieles ministros del evangelio, debéis dirigir todas vuestras energías mentales y todas las oportunidades de vuestra vida hacia el completo éxito de vuestro trabajo y presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre. Con tal fin, debéis orar con sinceridad. Los ministros del evangelio deben poseer ese poder que obró tan grandes maravillas con los humildes pescadores de Galilea.4TPI 315.2

    Necesitáis fuerza moral y espiritual para desempeñar las responsabilidades que se os delegan. Podéis poseerlas y, aun así, sufrir de una gran falta de piedad. El don del Espíritu Santo es indispensable para tener éxito en la gran tarea. Cristo dijo: “Separados de mí nada podéis hacer”. Juan 15:5. Pero con Cristo fortaleciéndoos podéis hacerlo todo.4TPI 315.3

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