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Sermones Escogidos Tomo 2

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    23—Acudir a Dios en busca de sabiduría y poder

    AGRADEZCO AL SEÑOR que muchos de ustedes ha yan venido a esta reunión tan temprano, a las cinco de la mañana, con el fin de adorar a Dios. Deseo que mi corazón sea atraído a Dios. Es nuestro privilegio experimentar una profunda impronta de su Espíritu.SE2 209.1

    Leemos en la Epístola de Santiago: «Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud. Hermanos míos, gozaos profundamente cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Pero tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna» (Sant. 1: 1-4). Esa es una actitud realmene encomiable. Tenemos el privilegio de asumir esa actitud.SE2 209.2

    _______________

    Sermón presentado en el Tabernáculo de Battle Creek, el 13 de abril de 1901. Manuscrito 144, 1901

    «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor, ya que es persona de doble ánimo e inconstante en todos sus caminos. El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación, porque él pasará como la flor de la hierba. Cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae y perece su hermosa apariencia. Así también se marchitará el rico en todas sus empresas. Bienaventurado el hombre que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que lo aman» (Sant. 1: 5-12).SE2 210.1

    Es necesario que nos demos cuenta del gran privilegio que tenemos. Hay muchos que cuando tienen problemas, caen en tentación y pierden el rumbo. Olvidan las abundantes promesas divinas, y comienzan a hacer planes y a buscar ayuda humana. Acuden a seres humanos en busca de orientación, y así su experiencia se debilita y confunde. En todas nuestras luchas se nos exhorta a buscar fervientemente al Señor, recordando que somos propiedad suya, sus hijos en adopción. Ningún ser humano puede entender nuestras necesidades como Cristo lo hace. Recibiremos ayuda si le pedimos con fe. Somos suyos por creación; somos suyos por redención. Estamos unidos a la Fuente de todo poder y fortaleza mediante los lazos del amor divino. Obtendremos una rica experiencia cuando dependamos únicamente de Dios, y le solicitemos lo que deseamos como un niño pequeño le pide a su padre lo que quiere. Aprenderemos que Dios es la fuente de toda fortaleza y poder.SE2 210.2

    Si cuando ustedes piden no sienten nada especial de inmediato, no piensen que sus oraciones no han sido contestadas. Aquel que dice: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá» (Mat. 7: 7, 8). Por tanto, pongamos toda nuestra confianza en su Palabra. Pidan y busquen para poder disfrutar del privilegio de haber encontrado. Cristo nos anima a hacerlo. Él dice: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” [Mat. 11: 28, 29].SE2 210.3

    Encontraremos descanso al llevar su yugo y portar sus cargas. Al ser colaboradores de Cristo en la inmensa y grandiosa obra por la que dio su vida, encontraremos verdadero descanso. Aun siendo pecadores él dio su vida por nosotros. Cristo espera que acudamos a él y aprendamos de él. De esa forma vamos a hallar descanso. Dice que él nos dará descanso; así que no coloquen sus cargas sobre cualquier ser humano. «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón». Al hacer eso encontrarán en sus vidas el sosiego que Cristo da, el reposo que se obtiene al llevar su yugo y al asumir sus cargas.SE2 211.1

    Al haber confiado su pueblo en los hombres Dios ha sido en gran manera deshonrado. Él no nos ha dicho que hagamos eso. Él nos ha dicho que nos enseñará, que nos guiará. Podemos acudir a él y recibir ayuda. «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios que da a todos abundantemente», y no les reprochará su ignorancia. No puedo decir cuántas cartas me llegaron pidiendo consejos mientras estaba en Australia, a través del ancho Pacífico. ¿Qué prometió Cristo a sus discípulos si creían en él como su Salvador personal? Él prometió: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” [Mat. 28: 20]. Y también: «Siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia» [Salmo 16: 8]. Piensen en cuántas promesas él nos ha dado, de las que nos podemos asir con la mano de fe. Cuando acudimos a la Fuente de poder sabemos que hemos de recibir la inteligencia y la sabiduría que viene de una fuente pura, que no está contaminada con elementos humanos. Mientras oramos, es nuestro privilegio saber que Dios desea que oremos, rogarle que nos ayude. «Pedid, y recibiréis» [Juan 16: 24]. A ustedes les corresponde creer que lo recibirán. Dios desea que nos familiaricemos con él, que hablemos con él, que le contemos nuestras dificultades, que obtengamos experiencia al orar a alguien que no se equivoca, y que jamás comete un error.SE2 211.2

    Cristo asumió todas las características humanas. Él dejó a un lado su manto y corona reales, descendiendo de su elevada posición en la corte celestial. Al revestir su divinidad de humanidad, Cristo abrazó la raza humana con su inmenso brazo humano. Él se coloca a la cabeza de la raza humana, no como un pecador sino como el Salvador. Debido a que no hay mancha ni mácula de pecado en su alma divina él puede aparecer como la garantía del pecador. Debido a que no tiene pecado, él puede borrar nuestros pecados y colocarnos en un sitial privilegiado ante Dios; si tan solo creemos y confiamos en él como Aquel que será la santificación y la justicia de todos nosotros.SE2 211.3

    Me entristezco profundamente al abrir una carta que comienza diciendo: «Hermana White, lamento importunarla pero estoy en problemas y deseo saber algo respecto a mi familia y respecto a mí mismo». Cuando haya algo fundamental que ustedes deban conocer, Dios se lo hará saber. Él ha prometido que si ustedes le piden sabiduría, él se la dará. Pero no siempre es imprescindible que ustedes conozcan ni el porqué ni el cómo. Deshonramos a Dios al buscar nos ayude alguien que a nosotros nos parece que entiende nuestra situación. ¿Acaso él no nos ha dado a su Hijo unigénito? ¿No está Cristo cerca y a nuestro lado para prestamos la ayuda que necesitamos? Él prometió: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” [Mat. 28: 20]. Su Palabra repite la promesa una y otra vez. Él dice: «Si algo pedís en mi nombre, yo lo haré» [Juan 14: 14]. «Si me amáis, guardad mis mandamientos”.SE2 212.1

    «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor, ya que es persona de doble ánimo e inconstante en todos sus caminos” [Sant. 1: 5-8].SE2 212.2

    No me extraña que hoy haya tanta debilidad donde debería haber firmeza. Eso se debe a que en lugar de beber del agua pura del Líbano, estamos buscando apagar nuestra sed en cisternas de lugares bajos que no contienen el agua de vida. Confiamos en seres humanos, para ser demasiado a menudo mal encaminados y defraudados.SE2 212.3

    Deseo decirles, mis queridos amigos, que hemos deshonrado en gran manera a nuestro Maestro al apartamos de Cristo para buscar sabiduría en seres humanos finitos. ¿Continuaremos acariciando el pecado de la incredulidad que tan fácilmente nos asedia? ¿O nos despojaremos del peso de la incredulidad para acudir a la Fuente de toda fortaleza, confiando en que recibiremos misericordia y compasión de parte de aquel que, aun conociendo lo que somos, nos ama tanto que dio su propia vida por nosotros, recibiendo en su propio cuerpo los azotes que infligieron debido a nuestra transgresión de la ley de Dios? Todo eso lo hizo para que nos convirtamos en cautivos de la esperanza.SE2 212.4

    No somos corteses con Cristo. No reconocemos su presencia. No nos damos cuenta de que él es nuestro invitado de honor, que estamos rodeados por su amplio brazo humano; mientras que su divino brazo se aferra del trono del Infinito. Olvidamos que el umbral del cielo está lleno de la gloria que emana del trono de Dios, y que la luz puede iluminar directamente a aquellos que están buscando la ayuda que únicamente Cristo puede dar. Él le dijo a la samaritana: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le pedirías, y él te daría agua viva”. La mujer le dijo: “Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eternal”» [Juan 4: 10-14].SE2 212.5

    Les pregunto: ¿Sienten ustedes a Cristo a esta hora temprana de la mañana? Él no quiere que seamos un grupo de plañideras que acompaña a una cortejo fúnebre, poniendo de manifiesto nuestras preocupaciones, nuestra perplejidad y nuestra desesperanza. Él espera que le confiemos el cuidado de nuestras almas, y que coloquemos nuestra confianza en sus promesas. Pero, ustedes dicen: «No nos hace falta». Díganme qué valor hay en los sentimientos, si nos mantienen alejados de nuestro único Ayudador y ustedes acuden a falibles seres mortales en busca de ayuda. ¿Son más fuertes los sentimientos que la fe en Dios que tenemos el privilegio de ejercer? Los sentimientos cambian en la práctica de acuerdo con las circunstancias; pero las promesas del Eterno son como la roca sólida. Edifiquemos nuestra casa sobre el seguro cimiento y anclemos nuestras almas a la Roca eterna, la Roca de los siglos. Si hacemos eso encontraremos que recordar que tenemos un Compañero cuya amistad se convertirá en un hábito. Dondequiera que estemos podremos hablar con Dios. Así fue como Enoc caminó con Dios, habló con él y sintió realmente su divina presencia. En los días de Enoc el mundo no era más propicio para el perfeccionamiento de un carácter cristiano que lo que lo es hoy, en 1901.SE2 213.1

    No podemos poner nuestra confianza en lo más mínimo en el hombre. ¿Dónde obtienen ustedes su alimento intelectual? ¿Lo obtienen de los periódicos de actualidad, que están llenos de las más despreciables y horribles noticias? Tenemos algo mejor que eso, y debemos mostrar al mundo que conocemos la Fuente de poder, efectividad, esperanza y consuelo. La gracia de Dios que imparte sabiduría se nos concede a nosotros y a todo el que crea en su Palabra. Su mayor deseo es satisfacer los anhelos de nuestras almas, mediante la paz, la gracia y su amor que sobrepasa todo entendimiento.SE2 213.2

    El Señor puede incluirnos a cada uno de nosotros en su abrazo porque su brazo abarca a toda la raza humana. ¡Que no se nos olvide! Después que Cristo, para beneficio de la raza humana, hubo dado los pasos necesarios de arrepentimiento conversión y fe; acudió a Juan para ser bautizado en el Jordán. «Pero Juan se le oponía, diciendo: “Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú acudes a mí?”. Jesús le respondió: “Permítelo ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia”. Entonces se lo permitió» [Mat. 3: 14, 15]. Cuando salió del agua, se arrodilló en la ribera del Jordán y ofreció una oración que jamás había ascendido al cielo. Mientras estaba orando, los cielos se abrieron y la gloria de Dios en forma de una paloma como de oro bruñido descansó sobre él; y desde el alto cielo se escuchó la voz del Infinito, de Dios el Padre: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”.SE2 214.1

    ¿Han pensado en lo que esto significa para nosotros que en esa oración esté incluido todo hijo e hija de Adán que cree en Cristo como su Salvador personal, y dé los necesarios pasos de arrepentimiento, conversión, fe y bautismo? Somos bautizados en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, y esos tres grandes e infinitos poderes están unidos en la promesa de que obrarán en nuestro favor si cooperamos con ellos.SE2 214.2

    Somos sepultados con Cristo en el bautismo como un símbolo de su muerte, y somos levantados del agua como un símbolo de su resurrección. Debemos vivir como almas recién nacidas, para que seamos levantados en el gran día final. Ustedes están comprometidos a novedad de vida; porque están muertos y sus vidas están escondidas con Cristo en Dios. «Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios» [Col. 3: 1]. Y es ahí donde todos tenemos que colocar nuestros tesoros. El hombre mortal no puede creer lo mismo que ustedes. Acudan a la gran fuente de poder en busca de su fortaleza.SE2 214.3

    La oración de Cristo en las márgenes del Jordán incluía a todo aquel que había de creer en él. La promesa de que son aceptados en el Amado se les brinda a ustedes. Aférrense a ella con una fe que no cede. Dios dijo: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» [Mat. 3: 17]. Esto significa que Cristo ha abierto una vía a través de la oscura sombra que Satanás ha proyectado en la senda de todos nosotros, para que a través de ella acudamos al trono del Dios infinito. Cristo se ha aferrado del Todopoderoso y ustedes son aceptados en el Amado.SE2 214.4

    Es nuestro deber honrar a Dios en todo, al ser partícipes de su divina naturaleza para que tengamos la certeza del perdón de los pecados que testificará del amor de Dios. Pero no se ve en nuestra experiencia ni el gozo ni la satisfacción personal que debería verse. Cristo dice que si él está en nosotros nuestro gozo será completo. Por tanto, seamos «participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de las pasiones». Al vivir vidas no cosecuentes, terrenales, camales no provoquemos reproches sobre Cristo. Elevémonos sobre la atmósfera maléfica que invade al mundo, y respiremos el aliento divino. Alimentémonos del pan de vida.SE2 214.5

    Cristo declara que si comemos su carne y bebemos su sangre tendremos vida eterna. Si creemos en Cristo como nuestro Salvador personal, su Palabra será para nosotros como las hojas del árbol de la vida. Si comemos del pan que descendió del cielo tendremos una conexión viva con Dios; la eternidad entrará a forma parte de nuestros planes; viviremos como lo que son contemplados por todo el cielo. Los ángeles están velando y cuidando de nosotros.SE2 215.1

    Dios nos ama, pero nos descuidamos al no apreciar ese amor. Estamos perdiendo espiritualidad. Dios desea que reconozcamos que él tiene derechos sobre todo ser humano. Él tiene sus exigencias. Dios dice: «Ellos son míos, los he comprado por precio. No sois vuestros, «pues habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios [1 Cor. 6: 19, 20]. ¿Harán ustedes eso? ¿Orarán con fe? ¿Honrarán a Cristo al tomarle su Palabra?SE2 215.2

    ¿No haremos uso de nuestros privilegios? No nos detengamos en la parte oscura del panorama diciendo que no sabemos cómo resultarán las cosas, que todo parece estar revuelto y despedazado. No es así. Podemos colocarnos bajo la mano guiadora de Dios. Él nos convertirá en vasos de honra si estamos dispuestos a aceptarlo. Dios desea que esperemos grandes cosas, que recordemos que la oración que ascendió al cielo durante el bautismo del Salvador nos incluye a cada uno de nosotros. En el Amado hemos sido aceptados.SE2 215.3

    Cristo ha prometido guardar a todo los que lo busquen y confíen en él con una fe firme. Por tanto, confíen el cuidado de sus almas a él como a un fiel Creador. Repitan en voz alta: «Le confiaré a él la protección de mi alma». Nos conviene hablar con Dios aunque nuestras palabras sean escuchadas por los demás. Cuando haya quienes a nuestro alrededor estén excitados por la pasión, no respondan a sus descomedidas palabras, sino repitan las palabras de las Escrituras. Ustedes deberían practicar más eso en su trato con sus hermanos y hermanas en la fe. ¿Nos alteramos cuando nos calumnian? ¿No difamaron al Salvador, y acaso él contestó? Incluso se dijo que estaba endemoniado.SE2 215.4

    Dios desea que nos destaquemos por nuestra dignidad moral, que nuestra vida esté escondida con Cristo en Dios, recomendando el poder divino que nos permite dominar nuestras almas con paciencia. Dios desea que su pueblo muestre al mundo que hemos abierto las ventanas del alma que dan al cielo, que el Sol de justicia brilla en el templo del alma y que están cerradas las ventanas que dan al mundo.SE2 216.1

    Necesitamos aumentar nuestra fe y nuestra confianza en Dios. A las pobres almas que han estado apoyándose en el quebrado báculo de lo humano, les digo: ¡Dios quiera que se den cuenta de que hay un poder que está por encima del poder humano! Que Dios nos ayude a cada uno de nosotros a trabajar en el plan de fe, creyendo que el Señor espera que lo representemos en el mundo, que su poder sea revelado en su pueblo. Él pondrá de manifiesto su fortaleza a través de ustedes, si tan solo se colocan donde el pueda concederles dicho poder. Ustedes bien pueden tener esperanza, gozo y fortaleza. Ábranle el corazón a Dios; observando, creyendo y confiando en él. Fíjense en él, dirijan su vista al cielo. Ustedes han confiado demasiado en el poder humano. Conságrense ahora totalmente, creyendo por fe en Aquel que los está llamando. Unanse con sus hermanos y aliméntense continuamente de Cristo, que es su refugio y de quien depende la inconmensurable recompensa que nos aguarda.SE2 216.2

    El amor de Dios en nuestros corazones nos llevará a amar a nuestros hermanos. Dios desea que manifestemos su amor para que nuestras vidas puedan estar escondidas con Cristo en Dios. El Padre nos ama del mismo modo que ama a su Hijo, porque su Hijo ha detenido la acción de la espada de la justicia al ofrecerse él mismo como un sacrificio. Cristo nos compró a un precio infinito, y él desea que demostremos nuestra gratitud por lo que ha sido hecho para colocamos en tan pri-vilegiada posición. Él le dice al Padre: «He aquí un pobre pecador. He entregado mi vida por él. Él ha sido salvado mediante mi gracia. Recíbelo como a tu hijo». ¿Creen que el Padre se negará?SE2 216.3

    En este congreso esforcémonos cada uno en buscar a Dios de todo corazón, de modo que podamos hallarlo. No vengamos a buscar los pecados que alguien haya podido cometer. Dios no ha comisionado a nadie a indagar los pecados ajenos, y menos a ustedes que no pueden ni siquiera sobrellevar sus propios pecados. Es Cristo el que puede cargar con los pecados de ustedes y los de los demás mortales. Mostremos nuestro aprecio por el sacrificio que él hizo por nosotros. Revelemos en nuestras vidas la fragancia de su carácter. Sean delicados en sus expresiones. Recuerden que ustedes son sabor de vida para vida, o sabor de muerte para muerte. Seamos como flores fragantes. Permitamos que el amor de Cristo llene nuestras vidas. Que las palabras de ustedes sean como manzanas de oro con figuras de plata.SE2 216.4

    Esa es la obra que el Señor desea que realicemos. ¿Acaso no pueden pensar en nada por lo que pueden alabar al Señor? ¿No pueden alabarlo porque él murió por ustedes; porque él los ha librado por tanto tiempo; porque ustedes tienen su Palabra que está llena de preciosas promesas? Él les ofrece el pan de vida. Él dice: «Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida» [Juan 6: 63]. Coman su Palabra, busquen en ella, caven profundamente en busca del tesoro escondido.SE2 217.1

    No hablen, sino oren. Siempre hemos tenido demasiado que decir; por fe aplíquense esto. Dios dice: «Estad quietos y conoced que yo soy Dios» [Sal. 46: 10]. Hemos de estar lo suficientemente quietos como para poder damos cuenta de que Dios es Dios. Recuerden que ustedes deben ayudar a todos los que los rodean. Olvídense de ustedes mismos, de sus magulladuras, heridas y dificultades. Alaben a Dios y él los recibirá porque él vive, y ustedes también podrán vivir.SE2 217.2

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