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Los frutos y las pruebas SE1 345

«Y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto». «Lo limpiará”. Cristo permite que la prueba venga sobre sus seguidores para que busquen al SE1 345.3

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Sermón basado en Juan 15. Presentado en San José, California el sábado 16 de octubre de 1909. Manuscrito 97, 1909. Señor con mayor fervor. Entonces, cuando las pruebas lleguen, no pensarán que el Señor es su enemigo. Él nos limpia por una razón. No desea que nos desanimemos, sino que quiere probarnos, para ver si somos fieles a él y nos comportamos apropiadamente en cualquier circunstancia. No desea alejarnos, sino acercarnos más al Señor. La única seguridad del cristiano en tiempo de perplejidad está en Dios.

No comenten con otros sus pruebas, porque ya tienen suficiente con llevar las propias, y nuestros amigos humanos no siempre pueden entendernos. Es nuestro privilegio acudir a aquel que siempre nos comprende, porque su vida en la tierra fue una de constantes pruebas y perplejidades, una vida sin fracasos ni pecados. SE1 346.1

«Permaneced en mí”, dice Cristo, «y yo en ustedes. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecéis en mí» (Juan 15: 4). Cristo no nos diría esto si fuera imposible para nosotros permanecer en él. Nos muestra la posibilidad y la importancia de una estrecha relación con él. «El que permanece en mí y yo en él, este lleva mu-cho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15: 5). SE1 346.2

¿En qué consiste el «mucho fruto” que debemos llevar? Es el fruto de una naturaleza celestial, el resultado de vidas santificadas por el Espíritu Santo de Dios. Cuando permanezcamos en Cristo, y Cristo en nosotros, seremos hombres y mujeres de oración, de verdad, hombres y mujeres que se conducirán prudentemente ante Dios y ante el mundo. A diario obtendremos de Cristo la fortaleza que necesitamos para realizar las obras de Dios. Esto es lo que el mundo necesita, una manifestación del poder de la verdad en los caracteres cristianos. Lo que necesitamos es fe en la Palabra de Dios. Mediante una fe verdadera tendremos el testimonio vivo de que nuestros caminos agradan a Dios. ¿Oh, de qué nos sirve la religión si cuando nos acercamos a Dios no tenemos la seguridad de que él escucha y contesta nuestra oración? SE1 346.3

«Separados de mí», dice, «nada podéis hacer”. Entonces permanezcamos cerca del costado sangrante de Cristo. En él, nuestra naturaleza humana es completada. En él podemos llegar a ser partícipes de la naturaleza divina, y vencer la corrupción que hay en el mundo a causa de las pasiones. SE1 346.4

«El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pedid todo lo que queráis y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos» (Juan 15: 6-8). SE1 346.5

No es suficiente que de vez en cuando ustedes eleven una oración, y que de vez en cuando obren píamente. Ustedes necesitan que los atributos de Cristo estén obrando en su vida constantemente. ¿Cuántos de nosotros disfrutamos de esa experiencia? Sin embargo, podemos tenerla, y haciéndola nuestra, seremos el pueblo más feliz sobre la faz de la tierra. Con la palabra de Cristo morando en nosotros, daremos evidencia de que hemos recibido completamente a aquel que en su naturaleza humana vivió una vida sin pecado. En la fortaleza de la divinidad venceremos toda tendencia al mal. SE1 347.1

Sin embargo, si los hombres no permanecen en Cristo, «serán echados fuera como pámpanos”, y se secarán. El ser humano puede hacer grandes ostentaciones de piedad, pero si en sus transacciones comerciales no revela que el Espíritu Santo de Dios gobierna sus palabras y acciones, mejor es que no aparente nada. La vida y muerte de Cristo no benefician en nada a quien elige hacer lo que le place, a quien sigue su propia imaginación y sigue su propio camino y voluntad. SE1 347.2

«Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor» (Juan 15: 9, 10). Agradezcamos a Dios de que este es nuestro privilegio. Aunque somos enviados al mundo, podemos mantener delante de nosotros el ejemplo del Hombre modelo, y en su fortaleza implementar principios de superación. Únicamente el cristiano victorioso alcanzará el reino de los cielos. Que Dios nos ayude en este asunto, es mi oración. Intentemos guardar sus mandamientos en todos nuestros tratos con los demás. No solamente cuando hablamos, sino cuando vivimos nuestra religión; entonces demostraremos que somos pámpanos de la vid viviente. SE1 347.3

«Estas cosas os he hablado», continuó diciendo el Salvador, «para que mi gozo esté en ustedes, y vuestro gozo sea completo» (Juan 15: 11). Creo que algo se logró cuando los discípulos oyeron eso. ¿No creen ustedes que si tuviéramos ese gozo completo, actuaríamos como lo hicimos cuando por primera vez sentimos el poder santificador de Dios en nuestros corazones? Cuando esperábamos la venida del Señor en los primeros días de este mensaje, lo alabábamos en nuestras oraciones y en nuestra conversación. No había ni una pizca de fanatismo entre aquellos que verdaderamente amaban al Señor y estaban buscando su gloria. SE1 347.4