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El Hogar Cristiano

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    Capítulo 56—El divorcio

    Es un contrato para toda la vida—En las mentes juveniles el matrimonio está revestido de romanticismo y es difícil despojarlo de ese carácter que le presta la imaginación, para hacer que la mente comprenda cuán pesadas responsabilidades entraña el voto matrimonial. Liga los destinos de dos personas con vínculos que sólo la muerte puede cortar.1Joyas de los Testimonios 1:577.HC 309.1

    Todo compromiso matrimonial debe ser considerado cuidadosamente, pues el casamiento es un paso que se da para toda la vida. Tanto el hombre como la mujer deben considerar cuidadosamente si pueden mantenerse unidos a través de las vicisitudes de la existencia mientras ambos vivan.2Carta 17, 1896.HC 309.2

    Jesús corrigió falsos conceptos—Entre los judíos se permitía que un hombre repudiase a su mujer por las ofensas más insignificantes, y ella quedaba en libertad para casarse otra vez. Esta costumbre era causa de mucha desgracia y pecado. En el sermón del monte, Jesús indicó claramente que el casamiento no podía disolverse, excepto por infidelidad a los votos matrimoniales. “El que repudiare a su mujer—dijo él,—fuera de causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casare con la repudiada, comete adulterio.” Después, cuando los fariseos le preguntaron acerca de la legalidad del divorcio, Jesús habló a los oyentes de la institución del matrimonio, conforme se ordenó en la creación del mundo. “Por la dureza de vuestro corazón—dijo él—Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres: mas al principio no fué así.” Se refirió a los días bienaventurados del Edén, cuando Dios declaró que todo “era bueno en gran manera.” Entonces tuvieron su origen dos instituciones gemelas para la gloria de Dios en beneficio de la humanidad: el matrimonio y el sábado. Al unir Dios en matrimonio las manos de la santa pareja diciendo: “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y allegarse ha a su mujer, y serán una sola carne,” dictó la ley del matrimonio para todos los hijos de Adán hasta el fin del tiempo. Lo que el mismo Padre eterno había considerado bueno, era la ley de la más elevada bendición y progreso para los hombres.3El Discurso Maestro de Jesucristo, 56, 57.HC 309.3

    Jesús vino a nuestro mundo para rectificar errores y restaurar la imagen moral de Dios en el hombre. En la mente de los maestros de Israel habían hallado cabida sentimientos erróneos acerca del matrimonio. Ellos estaban anulando la sagrada institución del matrimonio. El hombre estaba endureciendo de tal manera su corazón que por la excusa más trivial se separaba de su esposa, o si prefería, la separaba a ella de los hijos y la despedía. Esto era considerado como un gran oprobio y a menudo imponía a la repudiada sufrimientos agudísimos.HC 310.1

    Cristo vino para corregir estos males, y cumplió su primer milagro en ocasión de un casamiento. Anunció así al mundo que cuando el matrimonio se mantiene puro y sin contaminación es una institución sagrada.4Manuscrito 16, 1899.HC 310.2

    Consejos a quien pensaba divorciarse—Vd. ha tenido ideas erróneas acerca de la relación matrimonial. Nada que no sea la violación del lecho matrimonial puede romper o anular el voto del casamiento. Estamos viviendo en tiempos peligrosos, cuando no hay seguridad en nada que no sea una fe firme e inquebrantable en Jesucristo. No hay corazón que las artimañas de Satanás no puedan enajenar de Dios, si no vela en oración.HC 310.3

    La salud de Vd. habría sido mucho mejor si su espíritu hubiese gozado de paz y descanso; pero se confundió y desequilibró, y razonó incorrectamente con respecto al divorcio. Sus opiniones no pueden sostenerse sobre la base de la cual parte su raciocinio. Los hombres no están libres para crear su propia norma, a fin de evitar la ley de Dios y agradar a su propia inclinación. Deben acudir a la gran norma de justicia establecida por Dios. ...HC 310.4

    Dios indicó una sola causa por la cual una esposa pueda abandonar a su esposo, o éste pueda dejarla a ella, y fué el adulterio. Esta causa debe considerarse con oración.5Carta 8, 1888.HC 311.1

    Consejos a una pareja separada—Hermano mío, hermana mía, desde hace algún tiempo no habéis estado viviendo juntos. No debierais haber adoptado tal proceder y no lo habríais hecho si hubieseis cultivado la paciencia, la bondad y la tolerancia que siempre debieran existir entre los esposos.HC 311.2

    Ni uno ni otro debiera haber ensalzado su propia voluntad ni haber procurado cumplir a toda costa sus ideas y planes individuales. Ni uno ni otro debiera haber resuelto obrar como le agradase. Permitid que la subyugadora influencia del Espíritu de Dios obre en vuestros corazones y os haga idóneos para la obra de educar a vuestros hijos. ...HC 311.3

    Suplicad a vuestro Padre celestial que os guarde de ceder a la tentación de hablar el uno al otro de una manera dura y voluntariosa. Cada uno de vosotros tiene un carácter imperfecto. Por el hecho de que no os mantuvisteis bajo la dirección de Dios, la conducta del uno hacia el otro resultó imprudente.HC 311.4

    Os ruego que os pongáis bajo la dirección de Dios. Cuando estéis tentados a hablar con provocación, no digáis una sola palabra. Seréis tentados al respecto porque nunca habéis vencido este rasgo censurable del carácter. Pero todo mal hábito debe ser vencido. Entregaos completamente a Dios. Caed sobre la Roca, Cristo Jesús, y sed quebrantados. Como esposos, disciplinaos a vosotros mismos. Acudid a Cristo en busca de ayuda. El os concederá gustosamente su simpatía divina, su libre gracia. ...HC 311.5

    Arrepentíos delante de Dios por vuestra conducta pasada. Llegad a un entendimiento, y reuníos como esposos. Desechad la experiencia desagradable de vuestra vida pasada. Cobrad ánimo en el Señor. Cerrad las ventanas del alma que dan hacia la tierra, y abrid las que dan hacia el cielo. Si eleváis vuestras voces en oración al cielo para pedirle luz, el Señor Jesús, que es luz y vida, paz y gozo, oirá vuestro clamor. El, que es el Sol de justicia, resplandecerá en las cámaras de vuestra mente, e iluminará el templo del alma. Si recibís gustosos el sol de su presencia en vuestro hogar, no pronunciaréis palabras de índole tal que provoquen sentimientos desdichados.6Carta 47, 1902.HC 312.1

    A una esposa muy maltratada—Recibí su carta y en respuesta quiero decirle que no puedo aconsejarle que vuelva al lado de D., a menos que vea en él cambios decisivos. No agradan al Señor las ideas que él ha albergado en lo pasado acerca de lo debido a una esposa. ... Si él se aferra a sus opiniones anteriores, el futuro no sería mejor para Vd. de lo que fué el pasado. El no sabe cómo debe tratar a su esposa.HC 312.2

    Estoy muy triste al respecto. Me compadezco de D., pero no puedo aconsejarle que se reuna con él contra lo que le dicte a Vd. su propio criterio. Le hablo a Vd. tan francamente como le hablé a él; sería peligroso para Vd. volver a colocarse bajo sus dictados. Yo esperaba que cambiaría. ...HC 312.3

    El Señor comprende todo lo que le sucede. ... Tenga buen ánimo en el Señor; él no la dejará ni la abandonará. La más tierna simpatía hacia Vd. conmueve mi corazón.7Carta 148, 1907.HC 312.4

    A un esposo abandonado: “Lleve su cruz”—No puedo ver qué más se puede hacer en este caso, y pienso que lo único posible para Vd. es renunciar a su esposa. Si ella está así resuelta a no vivir con Vd., al intentarlo, ambos llevarían la existencia más miserable. En vista de que ella decidió plena y resueltamente su suerte, lo único que Vd. puede hacer es cargar su cruz y demostrar que es un hombre.8Carta 40, 1888.HC 312.5

    A la vista de Dios siguen casados, aunque divorciados—Una mujer puede estar legalmente divorciada de su esposo por las leyes del país y sin embargo no estar divorciada a la vista de Dios ni según la ley superior. Sólo un pecado, que es el adulterio, puede colocar al esposo o a la esposa en situación de verse libre del voto matrimonial a la vista de Dios. Aunque las leyes del país concedan un divorcio, los cónyuges siguen siendo marido y mujer de acuerdo con la Biblia y las leyes de Dios.HC 313.1

    Vi que la Hna.—no tiene todavía derecho a casarse con otro hombre; pero si ella, o cualquier otra mujer, obtuviese legalmente el divorcio porque su esposo se hizo culpable de adulterio, entonces quedaría libre para casarse con quien quisiera.9Carta 4a, 1863.HC 313.2

    Separación de un cónyuge incrédulo—Si la esposa es incrédula y opositora, el esposo no puede, según la ley de Dios, repudiarla por esa sola causa. Para estar en armonía con la ley de Jehová, debe permanecer con ella hasta que ella misma decida apartarse. Sufrirá él tal vez oposición, opresión y molestias de muchas clases; hallará consuelo, fortaleza y apoyo en Dios, quien puede dar gracia para toda emergencia. Debe ser hombre de ánimo puro, de principios firmes y decididos, y Dios le dará sabiduría acerca de la conducta que deba seguir. Su razón no será dominada por los impulsos, sino que sostendrá las riendas del control con mano firme, para mantener sujeta la concupiscencia.10Carta 8, 1888.HC 313.3

    Cambie de disposición antes que de estado—He recibido una carta de su esposo. Quiero decirle que hay un solo motivo por el cual un esposo puede separarse legalmente de su esposa, o una esposa de su esposo, y este motivo es el adulterio.HC 313.4

    Si vuestros temperamentos no congenian, ¿no glorificaríais a Dios cambiando dichos temperamentos?HC 313.5

    Una pareja de cónyuges debe cultivar el respeto y el afecto mutuos. Deben velar acerca de su espíritu, sus palabras y sus actos, a fin de no decir ni hacer nada que cause irritación o molestia. Cada uno debe preocuparse por el otro, y hacer cuanto esté a su alcance para fortalecer su afecto mutuo.HC 314.1

    Os aconsejo a ambos que busquéis al Señor. Con amor y bondad, cumplid vuestro deber el uno para con el otro. El esposo debe cultivar hábitos de laboriosidad, y hacer cuanto pueda para sostener a la familia. Esto inducirá a la esposa a tenerle respeto. ... Hermana mía, Vd. no puede agradar a Dios conservando su actitud actual. Perdone a su esposo. Es su marido, y será bendecida si procura ser una esposa obediente y afectuosa. Expresen sus labios la ley de la bondad. Vd. puede y debe cambiar de actitud.11Carta 168, 1901.HC 314.2

    Ambos debéis estudiar para ver cómo podéis asemejaros el uno al otro, en vez de diferir. ... El empleo de métodos benignos y amables producirá una diferencia sorprendente en vuestra vida.12Carta 157, 1903.HC 314.3

    El divorcio y la condición de miembro de la iglesia—Acerca del caso de la hermana perjudicada, A. G., queremos decir en respuesta a las preguntas de—que entre la mayoría de los sorprendidos en pecado, como ha sucedido con el esposo de ella, es característico que no tengan un verdadero sentido de su infamia. Sin embargo, algunos lo tienen y vuelven a la iglesia, pero no son recibidos hasta que hayan merecido la confianza del pueblo de Dios por sus confesiones francas y un plazo de arrepentimiento sincero. Este caso presenta dificultades que no se encuentran en algunos otros, y sólo quisiéramos añadir lo siguiente:HC 314.4

    1. En casos de violación del séptimo mandamiento, cuando la parte culpable no manifiesta verdadero arrepentimiento y la parte perjudicada puede obtener un divorcio sin empeorar su propio caso y el de sus hijos, si los tienen, deben quedar libres.HC 314.5

    2. Si se expone a colocarse a sí misma y a sus hijos en peor condición por causa del divorcio, no conocemos pasaje bíblico que declare a la parte inocente culpable por no separarse.HC 315.1

    3. Podría suceder que, con tiempo, trabajo, oración, paciencia, fe y una vida piadosa, se obtuviera una reforma. Vivir con quien violó los votos matrimoniales y se cubrió de oprobio por un amor culpable, pero no lo reconoce, es como un cáncer roedor para el alma; y sin embargo el divorcio es como una llaga en el corazón para toda la vida. ¡Dios se compadezca de la parte inocente! Antes de contraer matrimonio, éste debe considerarse con mucho cuidado.HC 315.2

    4. ¡Oh! ¿Por qué será que hombres y mujeres que podrían ser respetables y buenos, y al fin llegar al cielo, se venden al diablo por tan poca cosa, hieren a sus amigos íntimos, deshonran a sus familias, ocasionan oprobio para la causa, y al fin bajan al infierno? ¡Dios se compadezca de ellos¡ ¿Por qué será que los sobrecogidos en culpa tal no manifiestan un arrepentimiento proporcional a su falta, no quieren huir a Cristo en busca de su misericordia ni curar, en la medida en que pueden hacerlo, las heridas que han ocasionado?*Nota: Esta es una de las muy pocas declaraciones que hicieron juntos Jaime White y Elena G. de White. Por cuanto la firmaron ambos, es evidente que las opiniones expresadas fueron plenamente sancionadas por la Sra. de White.—Los compiladores.13The Review and Herald, 24 de marzo de 1868.HC 315.3

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