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Hijas de Dios

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    Jocabed, madre de Moisés

    Este capítulo está basado en Éxodo 2.

    El rey y sus consejeros habían esperado someter a los israelitas mediante trabajos arduos, y de esa manera disminuir su número y sofocar su espíritu independiente. Al fracasar en el logro de sus propósitos, usaron medidas mucho más crueles. Se ordenó a las mujeres cuya profesión les daba la oportunidad de hacerlo, que dieran muerte a los niños varones hebreos en el momento de nacer. Satanás fue el instigador de este plan. Sabía que entre los israelitas había de levantarse un libertador; y al inducir al rey a destruir a los niños varones, esperaba derrotar el propósito divino. Pero esas mujeres temían a Dios, y no osaron cumplir tan cruel mandato. El Señor aprobó su conducta y las hizo prosperar [...]. El rey, disgustado por el fracaso de su propósito, dio a la orden un carácter más urgente y general: pidió a toda la nación que buscara y diera muerte a sus víctimas desamparadas. “Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: “Echad al río a todo hijo que nazca, y a toda hija preservad la vida””. Éxodo 1:22.HD 28.3

    Mientras este decreto estaba en vigencia, les nació un hijo a Amrán y Jocabed, israelitas devotos de la tribu de Leví. El niño era hermoso y los padres, creyendo que el tiempo de la liberación de Israel se acercaba y que Dios iba a suscitar un libertador para su pueblo, decidieron que el niño no fuera sacrificado. La fe en Dios fortaleció sus corazones, y “no temieron el decreto del rey”. Hebreos 11:23.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 247-248.HD 29.1

    Moisés nació cuando este decreto requería pleno cumplimiento. Su madre lo escondió mientras le fue posible hacerlo con seguridad. Entonces, preparó una canastilla de juncos, la impermeabilizó con brea para que el agua no entrase, y la colocó a la orilla del agua. Su hermana, mientras tanto, se mantenía cerca del lugar aparentando indiferencia. Estaba ansiosa por ver lo que ocurriría con su hermanito.HD 29.2

    Los ángeles también estaban vigilando a fin de que la indefensa criatura no sufriera daño. Su madre lo había puesto al cuidado de Dios mediante sus fervientes oraciones mezcladas con lágrimas. Y fueron estos ángeles los que dirigieron los pasos de la hija del Faraón hacia el río, cerca del punto donde descansaba el inocente y pequeño desconocido. Aquel diminuto barquichuelo captó su atención, y envió a una de sus criadas para alcanzárselo. Cuando levantó la cubierta de tan singular embarcación, vio a un hermoso bebé. “Y he aquí que el niño lloraba”, y ella tuvo compasión de él. Sabía que una tierna madre hebrea había creado este medio singular para preservar la vida de su muy amado bebé, y al momento decidió adoptarlo como hijo suyo. Inmediatamente la hermana de Moisés se acercó y preguntó: ““¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño?” Y la hija de Faraón respondió: “Ve””. Éxodo 2:6-8.—The Spirit of Prophecy 1:162- 163 (1870).HD 29.3

    Jocabed era mujer y esclava. Su destino en la vida era humilde, y su carga pesada. Sin embargo, el mundo no ha recibido beneficios mayores mediante ninguna otra mujer, con excepción de María de Nazaret. Sabiendo que su hijo había de pasar pronto de su cuidado al de aquellos que no conocían a Dios, se esforzó con más fervor aun para unir su alma con el cielo. Trató de implantar en su corazón el amor y la lealtad a Dios. Y esa obra fue llevada a cabo fielmente. Ninguna influencia posterior pudo inducir a Moisés a renunciar a los principios de la verdad que eran el centro de la enseñanza de su madre.—La Educación, 58 (1903).HD 29.4

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